Con un profundo sentimiento de memoria, respeto y esperanza, este 8 de junio el municipio de Riosucio y el Resguardo Colonial Cañamomo Lomaprieta se unieron a la conmemoración del Día de las Víctimas, una jornada dedicada a honrar la vida, la dignidad y la resistencia de quienes han sufrido las consecuencias del conflicto armado en nuestro territorio y en el país.

La fecha permitió recordar de manera especial a las víctimas de la Masacre de La Herradura ocurrida en el año 2003, uno de los hechos más dolorosos en la memoria colectiva de nuestras comunidades, así como a cada persona, familia y comunidad que ha vivido los horrores de la violencia, el desplazamiento, la pérdida de seres queridos y las múltiples afectaciones derivadas del conflicto.
La jornada inició con una marcha por las principales calles del municipio de Riosucio, un recorrido cargado de simbolismo, reflexión y solidaridad, donde víctimas, familiares, organizaciones, autoridades y ciudadanía se congregaron para elevar una voz colectiva en favor de la memoria, la verdad y la no repetición.

Posteriormente, los asistentes participaron en una homilía realizada en el cementerio municipal, espacio de recogimiento espiritual en el que se rindió homenaje a quienes ya no están físicamente, pero permanecen presentes en el corazón y la memoria de sus comunidades.
Las actividades culminan con una concentración en el Teatro Cuesta, escenario destinado al encuentro, la reflexión y la construcción de memoria colectiva, donde se reafirma el compromiso de mantener vivos los recuerdos de estos hechos y de las personas que fueron afectadas por la violencia.
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Esta conmemoración representa un llamado permanente a la reconciliación, al respeto por la vida y a la construcción de un país más justo y humano. Desde el territorio se eleva el deseo profundo de que los hechos que marcaron generaciones enteras jamás vuelvan a repetirse y que, en unidad, diálogo y respeto por la diferencia, podamos seguir tejiendo caminos para alcanzar la tan anhelada paz.

Porque recordar es un acto de dignidad. Porque la memoria es también una forma de resistencia. Y porque solo reconociendo nuestra historia podremos construir un futuro donde la vida, la armonía y la paz sean el legado para las nuevas generaciones.
